
Si tuviese que ponerle una palabra a este año, esa sería aprender. Si tuviese que borrar algo, no sería absolutamente nada, incluso esas cosas de las que a mitad de año me sentía muy arrepentida, hoy las miro como una forma de haber entendido cosas que antes no entendía, o quizás, no quería entender.
Fue un año de encuentros y desencuentros. Prefiero quedarme con los primeros, ya que llenaron el espacio de los segundos de manera excesiva.
Comencé el año pensando que daba un paso correcto, pero las circunstancias de la vida me hicieron entender que no existe ni lo correcto ni lo incorrecto, mucho menos lo perfecto, lo importante es aceptar lo que hacemos, tomar la enseñanza y dar vuelta la página.
Conocí gente que ya conocía y volví a creer en la magia. Descubrí que tan sólo a algunos pasos tengo compañía de la buena y caminé por las calles de mi barrio más de lo que lo había hecho en toda mi vida.
Descubrí que en todo mundo existe un pedazo de tu propio mundo, y si en aquel espacio los años anteriores jamás lo encontré, éste me sorprendió de la forma más grata que pude imaginar. A veces es necesario dejar cosas de lado para conseguir otras. Tan sólo elegir y arriesgarse.
Encontré entonces lo que siempre busqué. Comí más comida chatarra que cualquier otro año, y junto con eso subí unos cuantos kilos también, pero estoy segura que eso peso también se reflejó en la anchura de mi corazón.
Entendí que lo importante no es la cantidad en que vez a ciertas personas, sino la calidad. El tiempo escaseó este año para gente que antes sobraba, pero el cambio fue nulo. Porque aquellas personas que ayudaron a construir lo que hoy eres, jamás serán menos. Sería como anular una parte de ti misma y eso, para todos, es imposible.
Me propuse metas y las cumplí. Me conocí como nunca y aprendí de lo que soy capaz. Nadie nunca más me hará dudar de lo que puedo llegar a ser o hacer. La crueldad es algo innato en los humanos, intencionalmente o no, pero ya no es algo que me desestabilice. Canjeé desilusión por seguridad y no tengo miedo a seguir haciéndolo.
A una semana de comenzar el 2009, siento que lo que queda por vivir es de lo bueno, y no es que haya hecho efecto el esfuerzo de mi mamá por llenar mi vida con “el secreto”, si no que así se me ha demostrado.
Así es la vida y en todos sus giros, simplemente no hay mal que por bien no venga...


